Incontinencia Urinaria, ¿solo hay una?

Me apetecía escribir sobre la incontinencia urinaria, sabiendo que ya hay mucho dicho sobre ello y os explico por qué.

Cuando venís a la consulta con un problema de escapes de orina, ya sean unas gotitas o a chorro, siempre me decís que es porque tenéis el suelo pélvico débil. Pensar esto es normal, ya que siempre se asocia la incontinencia a una incapacidad de las estructuras para retener la orina, pero no solo el por esto, y esa es la razón por la que voy a clasificar de manera rápida y esquemática los tipos de incontinencia que existen.

Para ello me voy a valer de la clasificación que hace la NANDA (North American Nursing Diagnosis Association), que es la organización que nos ayuda a sistematizar el trabajo de enfermería cuando valoramos y tratamos a nuestros pacientes, sumada a otros tipos que si bien no son reconocidos por esta institución, en fisioterapia sí manejamos.

Antes de empezar vamos a definir, ¿qué es la incontinencia urinaria? Pues la ICS (International Continence Society) dice que es algo así como una pérdida involuntaria de orina que se puede observar de manera objetiva, constituyendo un problema de primer orden para el autoestima y la autonomía de la persona.

Esquema del tracto urinario y suelo pélvico. Imagen de El Sevier

Hay dos elementos que intervienen en el mecanismo de la contención urinaria:

– Un tracto urinario inferior íntegro y funcional, es decir, todos los elementos que tenemos dentro de la pelvis y que se encargan de almacenar y transportar la orina, sostener las vísceras, etc.

– Un sistema nervioso que envíe las órdenes correctas en el momento adecuado.

Si está todo en orden, perfecto, no habrá ningún problema; pero, si se altera alguna de las estructuras que os he nombrado podríamos acabar sufriendo una incontinencia.

También es importante tener en cuenta cómo están nuestras estructuras de sostén, nuestros músculos y ligamentos, y cómo repartimos y gestionamos las presiones a nivel abdominal. Aquí entran en juego muchas variables, como la respiración (el diafragma es fundamental), la postura, nuestra faja abdominal… en fin, que también hay otros elementos involucrados que si no se están funcionando de manera correcta y esto se mantiene en el tiempo, también pueden alterar el correcto funcionamiento de nuestro sistema urinario.

Por último, pero no menos importante, los hábitos que tenemos en cuanto a alimentación, aporte de líquidos (agua fundamentalmente), tóxicos (tabaco y alcohol, grandes enemigos del suelo pélvico), estrés, sueño o la falta de él mejor dicho, actividad física… vaya, que todo suma, o resta.

Niña con incontiencia urinaria de urgencia mantiene las manos en la entrepierna, presiona la parte inferior del abdomen. Foto de @wayhomestudio

¿Cómo la clasificamos?

– Incontinencia Urinaria de Esfuerzo: Es una cuestión de presiones; cuando la presión abdominal supera a la de nuestro suelo pélvico se pueden escapar cantidades variables de orina. ¿Y cuándo sucede esto? Pues sobre todo cuando hacemos esfuerzos, pero no pensemos que son esfuerzos titánicos, no, simplemente con una tos, un estornudo, coger al bebé, la compra, la nieta, bailar, correr… Es cierto que el embarazo y el parto son factores de riesgo, pero no solo pensemos que nos va a pasar si hemos pasado un embarazo.

– Incontinencia Urinaria de Urgencia: Es una pérdida involuntaria de orina que viene precedida de una necesidad imperiosa de orinar. Puede ser por varias razones, por contracciones involuntarias del detrusor de la vejiga, porque es inestable, por hiperactividad. Esto se ve muy claramente cuando por ejemplo llegamos a casa y vamos en el ascensor y de repente creemos que no vamos a llegar a casa sin orinarnos encima (a veces, de hecho, no llegamos), o vamos muchas veces al día al baño, o tenemos la sensación de que no terminamos nunca de vaciar la vejiga… Es muy típica cuando tenemos fiebre o infecciones de repetición (sí, las infecciones frecuentes hay que valorarlas, pueden tener un origen en nuestro suelo pélvico).

– Incontinencia Urinaria Mixta: Es la suma de las dos anteriores, es decir, pérdidas de orina por esfuerzo y urgencia, con sintomatología de ambas. Aquí tenemos la mezcla de debilidad con hiperactividad. Puede aparecer en el climaterio, con prolapsos y muy relacionada con el hábito tabáquico (en verdad el tabaco es un gran enemigo de nuestro suelo pélvico).

– Incontinencia Urinaria Asociada a la Discapacidad: También se llama incontinencia funcional. En este caso, las pérdidas de orina son ocasionadas porque existen barreras que impiden la correcta micción. Estas barreras habitualmente son limitaciones de la movilidad a nivel físico, mental o cognitivo, pérdida de fuerza, factores medioambientales, pero en sí no radican en una alteración orgánica de nuestro sistema urinario. Aún así, también requieren tratamiento y cambio de hábitos, así como todos los mecanismos de apoyo necesarios. Un ejemplo claro de este tipo de incontinencia sería en niños, que no van al baño en público porque les da vergüenza, o una persona con una discapacidad física, a la que no le da tiempo a llegar al baño por las barreras que se encuentra para acceder a él.

Persona en silla de ruedas ante un pasillo. Foto de Marcus Aurelius

– Incontinencia Urinaria Neurógena: Son producidas por alteraciones en el sistema nervioso, bien por un aumento de los reflejos (incontinencia hiperrefléxica) o por ausencia de ellos (incontinencia arrefléxica). Aquí están implicados los nervios, la médula espinal e incluso el cerebro. Es típico que aparezca como síntoma o secuela de traumatismos craneoencefálicos, tumores, esclerosis múltiple, ictus, Parkinson, etc. En este tipo se habla mucho de incontinencia por rebosamiento o bien de retención urinaria, siendo esta última una manifestación muy frecuente en los servicios de urgencia.

La fase final de todos estos tipos se denomina Incontinencia Urinaria Total, en la que la pérdida de orina es absolutamente incontrolable, impredecible, continua y sin capacidad alguna de retención.

Después de haber descrito todos los tipos que hay, seguro que ya habréis deducido que no hay una única manera de tratar la incontinencia urinaria; lo primero que hay que descubrir es de qué tipo se trata, hacer una valoración del suelo pélvico y del abdomen, entre otros, estudiar cómo son nuestros hábitos miccionales (y de paso defecatorios, pero de eso ya hablaremos otro día), y a partir de ahí planificar cuáles van a ser la actuaciones más eficaces, estableciendo un plan de acción realista y acorde con nuestra situación; ahí es nada.

Por eso, todo pasa por una buena anamnesis, valoración y entrevista y, sobre todo, mucha motivación e implicación con el tratamiento; solo así los resultados serán los óptimos porque, sí, la mayoría de las veces la incontinencia tiene solución, y esta pasa por conocer y mejorar nuestro suelo pélvico.

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